EL FUTURO DE LA POLITICA

Mientras la Argentina se debate acerca de la pulseada entre el gobierno y Moyano, o si el presidente debió echar o no a Triaca, otras cosas mucho más interesantes sucedieron el 1 y 2 de febrero en Baires. Se trató del T20: la reunión de los principales thinktanks del mundo respecto a la agenda que este año tratará el G20 en nuestro país. Encabezado por CIPPEC y el CARI, expertos de diverso índole asistieron a 10 workshops que identificaron ítems que van desde la infraestructura necesaria para el cambio climático, hasta la gobernanza global y la agricultura sustentable, pasando por el futuro de la educación y el trabajo en la era digital.

Nos vamos a detener en el tema más atractivo para esta columna semanal: “gobernanza global, cohesión social y el futuro de la política”. Vale remarcar que nunca en otras ediciones del T20 se había debatido sobre esta problemática, salvo sobre la gobernanza global. Esta inclusión fue mérito del equipo de CIPPEC.

En el panel correspondiente, Richard Wike –director de investigación de actitudes globales del Pew Research Center- expuso algunos datos sobre una investigación en 38 países de los 5 continentes respecto al grado de apoyo al sistema democrático. Ahí se ve que el consenso global sobre lo que llamaríamos democracia representativa es muy alto, cercano al 75 %. La institución quiso medir también el grado de aprobación de la democracia directa: en este caso el apoyo llega a cerca del 66 %, no tan alto como el mecanismo a través de representantes.

Pero el Pew no se detuvo en esos ítems. También midió el consenso hacia el gobierno de expertos, y ahí las opiniones quedaron empatadas casi por mitades, curioso si se tiene en cuenta los 2 datos que se comentaban previamente. Lo que sí obtuvo alto rechazo fueron 2 opciones: el gobierno de un líder fuerte, y los gobiernos militares. Es decir: la democracia parece estar ganando ampliamente la batalla como opción frente a aquellos modelos controlados por pocos.

No obstante la buena noticia global, existen 2 luces amarillas:

·         Los sectores de menores recursos manifiestan menor apoyo a la democracia, y

·         A mayor nostalgia sobre el pasado de un país (hace 50 años estábamos mejor), menor apoyo a la democracia.

Esto significa que persisten dos fuentes de amenazas: los que tiene menos acceso a bienes materiales, y quienes sienten que el mundo vivió una época mejor.

En esa misma línea, Sergio Bitar del Diálogo Interamericano puso el foco sobre lo que está sucediendo de largo plazo en la región latinoamericana: somos la parte del planeta más desigual, más violenta y menos innovadora. Una confluencia explosiva. En función de eso, este ex ministro de Allende, Lagos y Bachellet, aboga por un sustancial incremento de las capacidades de los aparatos estatales de modo de poder satisfacer adecuadamente cuestiones claves como la protección social, la competitividad, la seguridad y la gobernabilidad. Pero Bitar fue muy taxativo respecto a que no necesitamos Estados más grandes (porque ya serían imposibles de financiar), sino más eficientes.

Por último, Dennis Snower –presidente del Kiel Institute for the World Economy- aludió a que las identidades estén representadas en la era digital. Si no lo hacen los políticos lo harán otros: los populistas o las empresas (como ya está sucediendo). La construcción de identidades como hace Trump son conflictivas, no cooperativas.

Eso implica traer lo moral a la política. Los Estados tienen responsabilidades que exceden sus poderes, ergo siempre se verán sobrepasados en sus capacidad de respuesta. Cómo resolverlo? Estableciendo con los ciudadanos obligaciones recíprocas. Las actuales son sociedades de muchos derechos, pero de pocas obligaciones.

El panel conducido por Julia Pomares –directora ejecutiva de CIPPEC- y Colin Bradford de la Brooking Institution- fue el corolario de un trabajo de 6 meses que viene realizando el equipo del T20.

De esta muy apretada síntesis, se puede subrayar que:

1.    la problemática de la cohesión social y la gobernanza es global y estructural;

2.    nos enfrentamos a sociedades más complejas que nunca antes;

3.    la construcción de una mayor capacidad de respuesta por parte de los Estados –sobre todo en la región- es central;

4.    los Estados no pueden resolver todo lo que las sociedades le plantean;

5.    no se trata de agrandar los Estados más de lo que ya están; y

6.    parte de la tarea tiene que ver con reequilibrar las expectativas que las sociedades tienen e implicarlas en la solución de los problemas en función de que asuman ciertas obligaciones.