La hora de los intendentes

 

El vínculo entre la dirigencia política y la ciudadanía suele ser inestable tanto en Argentina como en  toda la Región. Ha pasado más de una década desde la crisis institucional del 2001 que significó uno de los momentos de mayor lejanía entre unos y otros. Esta es, quizás, la verdadera grieta que se debe saldar en nuestro país. Transitando un camino sinuoso, la relación entre los presidentes, gobernadores, intendentes y legisladores y los argentinos tuvo momentos de mayor cercanía y lejanía durante estos años. Consultores de opinión pública e investigadores de las universidades más prestigiosas advierten que estamos yendo a otro momento de desconexión, a un impás que se traduce en apatía del electorado, bajo compromiso cívico y casi imperceptible vocación por construir una comunidad, pensar en “el metro cuadrado”, como lo denominan los cientistas sociales. Más del 85% de los ciudadanos estarían experimentando estos síntomas.

Sin embargo esta crisis de representatividad y del funcionamiento de los partidos puede ser la oportunidad de poner en relieve un nuevo movimiento de escala global que puede mostrar otro camino. Se trata de los intendentes, históricos actores del sistema que van cobrando relevancia a medida que van interpretando, mejor que nadie, lo que necesitan los vecinos, cuál es el potencial del país visto desde los municipios y, por sobre todas las cosas, cómo se puede construir poder del bueno, ese capaz de producir transformaciones de fondo. Los intendentes son, en todo el mundo, fuente de riqueza política, intelectual y moral. Tienen fuerza y tienen ganas de hacer. En ellos radica gran parte de la esperanza de los ciudadanos, que les dan el visto bueno en las encuestas y que les ofrecen palabras de aliento en las calles. En eso están intelectuales de la talla de Benjamin Barber con su “Si los alcaldes gobernaran el mundo”, que hace años ha puesto el ojo en ellos o los impulsores del Parlamento Global de Alcaldes.

Los intendentes en Argentina comienzan sentir la responsabilidad de saldar la grieta de la política con la ciudadanía y llevar a nuestro país hacia el “catch up” al desarrollo. En las ciudades se concentra más del 85% de los argentinos y gran parte del PBI se produce en ellas. En las ciudades se produce el encuentro de personas y de ideas, es allí donde está el potencial de transformación. Países de la Región como Brasil o Costa Rica han tomado la delantera y han comenzado a escuchar con mayor atención a este colectivo de alcaldes modernos, que plantean una nueva agenda urbana. Estados Unidos y Canadá lo vienen haciendo hace rato. Iniciativas intermunicipales exitosas marcan la pauta de que vamos por buen camino. El del diálogo, el de las políticas de abajo hacia arriba (“bottom up”) y el del abordaje regional de los problemas. Solo falta que esta tendencia se consolide y que el prestigio de los intendentes siga creciendo.

 

Gonzalo Meschengieser