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Como podrán observar, mi ausencia de esta mesa debe ser disculpada por razones de Causa Mayor. Quiero extender mis disculpas a los organizadores del evento, a los cuales tengo entre mis caros afectos institucionales, como el ser llamado amigo del Ateneo del Encuentro, y en particular solicitarla a los participantes de la mesa, al sr intendente Julio Zamora, y a mi afectuoso compañero Ernesto Tenembaum, adalid de las invitaciones de mis participaciones, tanto en el Ateneo como en su valiosa revista.

Mi breve aporte al debate de esta fecha tan significativa en la historia, como es el 17 de octubre, comenzaba con un artículo que se me solicitó que escribiera con motivo del aniversario de la manifestación mas extraordinaria de nuestra historia, en 2015, para una publicación que no salió a la luz pública. En ella, yo finalizaba recordando el abrazo y el encuentro de Perón con Balbín, en 1972, como posibilidad fundamental del encuentro de los argentinos todos, deponiendo viejas querellas. Porque la trascendencia de ese abrazo, y de ese encuentro, significaba para la República, una posibilidad democrática de nuestro andar como Nación, que debe, imperiosamente, recuperarse en los días actuales que nos toca recorrer la Argentina. Aquellos que nos hundimos los zapatos en el camino del Movimiento Nacional, sabemos que si perdemos de vista nuestra condición de argentinos, como dijera San Martín, “la causa del género humano”, no podremos salir de una de las tantas crisis que sufrimos en nuestro largo, y joven, crecimiento como Nación.

Recuperar palabras extrañas al presente, como Nación, Patria, y Pueblo, es la primera tarea que nos impone el deber de la hora. Reconociéndonos como hijos de San Martín y Belgrano, militantes de Yrigoyen y del General, es, en mi humilde opinión, la mejor forma de empezar a encontrar soluciones a nuestros problemas como sociedad. Problemas urgentes, problemas candentes, que no nos pueden hacer perder de vista, el norte de nuestros deberes como generación entrada en el Siglo XXI: La de poder constituir, un mundo mejor y posible, para todos, en plena conciencia de alcanzar estandares mínimos de felicidad.

Recuperar, en síntesis, la magna tarea de luchar por la felicidad de los pueblos, como decían Belgrano, San Martín, Yrigoyen y el general Perón. Muchas gracias.

Carlos Pistelli

Historiador y Escritor

“Los Caudillos, se la juegan por la argentinidad” y “Vale la pena ser argentino”, mis libros.

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